Adultos mayores: cómo asegurarles disfrute y contención en vacaciones

La inminencia del receso veraniego instala el dilema en muchas familias. Consejos de especialistas

Con sus 87 años, la abuela Emilia se caracteriza por estructurar las vacaciones de la familia. Cada año sale junto a su hija, su yerno y sus nietos rumbo a la Costa y es siempre la que está más atenta a los horarios y a la organización de las actividades familiares. Para Raúl, su yerno, llevar a Emilia con ellos todos los años representa una gran tranquilidad. Aunque las últimas veces hayan tenido que incrementar las medidas para garantizarle tanto el pleno disfrute del receso como la contención necesaria a su edad.

“Lo que hacemos es alquilar siempre el mismo departamento, con un balconcito que da al mar. Desde allí tenemos contacto visual permanente con Emilia, que no conviene que pase todo el tiempo en la playa. También nos mantenemos en contacto por celular”, dice Raúl y reconoce que “antes de salir se hace preciso estar atentos a los tratamientos que ella está siguiendo. Y por supuesto ella está siempre controlada durante el año, por lo cual no es necesario hacerle chequeos previos”.

La forma en que la familia de Emilia resuelve las vacaciones es considerada la ideal por los geriatras y gerontólogos que recomiendan una batería de medidas para afrontar sin riesgos el receso compartido con adultos mayores. Con todo, en un país donde el 34,5% de los hogares tiene un mayor de 65 años y donde el grado de autovalimiento de esos adultos es dispar, las vacaciones pueden representar un desafío y hasta un dolor de cabeza para muchas familias. Los especialistas, basándose en los Principios de las Naciones Unidas para los mayores de edad, recomiendan garantizar unas vacaciones plenas y una eficaz contención y consultar a los ancianos sobre las decisiones que se toman. Y son distintas las opciones que, en la práctica, se manejan para garantizar estos factores.

Para Osvaldo Tirante, presidente de la Sociedad Platense de Geriatría Gerontología, en esta época del año llegan a los consultorios de los gerontólogos muchas preguntas vinculadas con este tema: “muchas familias quisieran llevarlos con ellos pero no pueden, sobre todo cuando no tienen el suficiente grado de autovalimiento. Entonces algunos eligen escalonar las vacaciones entre los familiares para que siempre uno quede al cuidado, pero es una opción que resulta difícil. Otros recurren a servicios de teleasistencia, que existen en La Plata y están al alcance de una familia de clase media, y que ofrecen el monitoreo del adulto mayor a través de sensores y pulseras en ausencia de la familia, aunque sólo es una opción que se puede considerar si el adulto mayor tiene un alto grado de autovalimiento”.

En esta época, asegura el especialista, también se da el caso de familias que cuando el grado del autovalimiento del anciano es muy bajo recurren a cuidadores o hasta crece la demanda en los geriátricos, que ofrecen alternativas por períodos cortos y hasta programas especialmente orientados a ofrecerles actividades recreativas y contacto con la naturaleza durante una breve temporada, una alternativa creciente en países europeos. “Pero son opciones que suelen generar fricciones y aparecen como traumáticas para el paciente y la familia”, indica Osvaldo Tirante.

Para quienes tienen posibilidad de llevar con ellos a sus mayores de vacaciones, un trabajo realizado por el Centro de Excelencia para Adultos Mayores Hirsch destaca una serie de medidas que éstos tienen que tener en cuenta para asegurarse un pleno disfrute del descanso.

Entre ellas destacan planificar el viaje con mucha antelación para no incrementar su grado de estrés o fatiga; tomar recaudos para hacer descansos si el viaje es excesivamente largo; evitar llevar maletas pesadas; llevar ropa y calzado cómodo; seguir la dieta habitual y asegurarse de que, si hay algún exceso, no descontrole la salud; respetar hábitos de sueño y descanso; evitar que las altas temperaturas provoquen un golpe de calor; evitar actividades que impliquen una sobrecarga física; programar caminatas a un ritmo más lento; actividades más espaciadas, tiempo para la reflexión y procurar sentirse seguros y protegidos”.

13,6%

De la población de las grandes ciudades argentinas supera los 65 años y se espera que en 2050 un cuarto de la población del país tenga más de 60 años

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