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Padres e hijos frente a la vejez

Con la llegada de la tercera edad se abre una nueva etapa y es el ámbito familiar el lugar donde se ponen sobre el tapete nuevos planteos. ¿Qué pasa cuando los padres ya son mayores? Seguramente en cada familia se abordará el tema según haya sido la relación a lo largo de la vida, con mayor o menor interés, con mayor o menor preocupación. En algún momento cuando la vejez de los padres se acerca y éstos comienzan a requerir la asistencia de terceros suelen vislumbrarse aspectos que ocasionan situaciones en algunos casos conflictivas.

A menudo circula una idea en el imaginario social que llevar a alguno de sus padres a un geriátrico estaría asociado a un acto de desinterés. Es común escuchar “qué mala persona, se sacó al viejo de encima, lo tiró en un geriátrico”. Los geriátricos tienen mala prensa, siendo identificados casi de manera sarcástica como depósitos de viejos. Entonces debemos diferenciar que hay geriátricos y seguramente también depósitos de viejos.

El geriátrico es una institución de cuidado y hospedaje de personas de la tercera edad, y en este sentido proveen una atención constante y especializada. Otro aspecto también importante es la sociabilización, que es la posibilidad de relacionarse con pares que pueden tener las mismas ideas, intereses y expectativas. Si bien esta es la función de un geriátrico no todos los centros de la tercera edad brindan esta posibilidad, de hecho hay un reglamento vigente que deben cumplir para que no termine siendo en definitiva un “deposito de viejos”.

Ahora, qué pasa ante la confrontación sobre la posibilidad de llevar a alguno de los progenitores a una casa de la tercera edad. Aquí aparecen una multiplicidad de casos, seguramente habrá situaciones donde los hijos sientan que los requerimientos de los padres son molestos, y que no están dispuestos a prestarles la atención requerida. En este caso sí estaríamos frente a una situación donde podríamos decir que “se lo quiere sacar de encima”. Pero también hay otras realidades. En ocasiones existe una imposibilidad real de los hijos para atender a sus padres, sea por cuestiones laborales o por el poco espacio físico en la casa o porque los cuidados médicos que requieren demandan una asistencia constante. Aquí podemos estar frente a una necesidad real de hospedaje en un centro. Esa acción no sólo sería beneficiosa, sino de absoluto cuidado para con los mayores.

El fantasma de la culpa y del abandono es muy posible que aparezca, así como la sensación de sentir que dicha acción es un acto de desprecio, de abandono. Sería interesante desmitificar esta idea, ya que en ocasiones la estadía de nuestros mayores en un centro especializado de contención permite una mejora en la calidad de vida. Vale entonces hacer una lectura diferente de la situación, y considerarla no ya como un renunciamiento, sino como un acto de amor.

La llegada de un mayor a un geriátrico se produce cuando su estado físico está muy deteriorado. Es verdad que en estos casos estamos hablando de una imperiosa necesidad, pero por otro lado no debemos descartar que la posibilidad del ingreso pueda llegar a ser antes de esa instancia, es decir, dar la posibilidad a que la adaptación a la residencia sea más confortable, más amigable, previendo que el encuentro con el nuevo espacio pueda afectarlo de manera negativa.

La vejez, el geriátrico, el deterioro físico, son difíciles de abarcar porque entran varias cuestiones en juego. En algún punto más o menos consciente, no hacemos más que confrontarnos con nuestras propias pérdidas. Es decir, el envejecer, la salud, el deterioro y la finitud del ciclo de la vida.

Cuando un bebe deja de serlo se festeja que camina, o que dice sus primeras palabras , pasa a ser un niño, de niño se pasa a ser adolescente el estado previo a la maduración , luego se festeja que ya se es una persona adulta con proyectos, construyendo por sí mismo su vida, la adultez. Y de la adultez se valora el momento del descanso, la jubilación, y se comienza a vivir posiblemente a otro ritmo, tal vez más tranquilos. Luego de eso, nos encontramos con esa situación que siempre se la intenta rechazar y expulsar del pensamiento, que es la muerte. Es importante para los hijos tenerlo claro para poder actuar y decidir en relación a la mejor opción, al mejor bienestar y no con culpa, ni con las distintas proyecciones de uno mismo.

Construir una mirada distinta de la vejez es bogar por una concepción distinta del envejecimiento. Es intentar no cercenar ni limitar a los mayores en sus posibilidades. Es no reducir a nuestros abuelos a un miembro obsoleto de nuestra comunidad, y lo principal, lograr un envejecimiento lo más personal posible.

Soledad Cimadoni

Psicóloga

soledadcimadoni@hotmail.com

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